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Waldir
Edenilson Contreras Pedroza (Antigua Guatemala)
Cuaresma y Semana Santa
¡Silencio!... Es la madrugada del miércoles,
en el ambiente el sonido de la campana se difunde, se asienta,
languidece y desaparece. El amanecer devela sus morados tonos,
porque ya es Miércoles de Ceniza. Flores y palmas, arrepentimientos
y suplicas, son templados al fragor de benditas llamas que calcinan
la forma y alumbran la esencia que, como cruces en la frente
de los penitentes, atestiguan el misericordioso amor de Dios
que está en el cielo y entre nosotros.
Vía crucis y confesiones,
atabales y contriciones, cucuruchos y procesiones; es un pueblo
que agradece a su Redentor por su entrega e infinito amor. Aserrín,
añelina y pino; corozo, incienso y mirra; las galas visten
tus avenidas, oh! Creyente Guatemala, para recibir el paso de
tu Señor y Salvador, que viene en pos de su cruz o bien
de la entrega suprema. Y de su Madre, nuestra Madre, que en profundo
silencio adormece su tormentoso camino.
Cuaresma y Semana Santa, penitencial
estación litúrgica que anuncia el tiempo de gracia
de Dios para con los hombres. Bendito lapso en el que se estremezclan
majestuosidad y humildad, reverencia y suplica, alegría
y padecimiento. Conmemoración de la extrema entrega, del
inhumano suplicio de aquel que es todo amor y ternura. Signo de
la infinita clemencia del Creador y que prepara el camino para
su portentosa resurrección.
Cuaresma y Semana Santa de mi
patria, fervorosa nación que volca su corazón a
Dios, y venera en sus imágenes a aquel que es digno de
toda adoración. Sacros cortejos procesionales que en sus
largas filas de devotos, a través de sus hombros, honran
al Cordero de Dios y transporta el mensaje evangélico del
arrepentimiento y perdón. Acompasados por singulares composiciones
musicales que acentúan el fúnebre paso del vencedor
de la muerte.
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