El costalero de Padul
es un costalero privilegiado,
ya que más cerca no puede estar
de su Cristo Crucificado,
llevándolo sobre sus hombros
la noche del Viernes Santo.
El costalero sufre,
sufre con sus ensayos,
con esas noches de frío y agua,
para que la noche de su salida procesional,
salga como tiene que salir,
con corazón, con paso corto y racheado.
Al
toque
de
campana
te
dice
el
capataz:
¡Ponerse
que
voy
a
llamar!
¡Buena
gente,
estáis
puestos!
¡Vámonos
con
él
al
cielo!
Y
sientes
que
tu
corazón
se
te
eleva
con
Jesús
en
el
madero.
Vamos
caminando
a
paso
corto,
por
las
calles
de
nuestro
pueblo,
por
esas
calles
estrechas,
con
el
paso
"que
da",
"que
no
da",
y
ese
sufrimiento
se
siente
entre
costaleros
y
capataz.
Al
llegar
a
Las
Murallas,
ese
gozo
que
te
da,
y
al
toque
de
campana
vuelve
a
bajar;
te
quitas
la
faja,
te
secas
el
sudor,
miras
a
Jesús
y
le
dices
con
gran
amor:
Padre
mío,
cuida
de
mi,
"pa"
que
no
me
pase
"na",
que
el
año
que
viene,
este
costalero
aquí
estará.
Padul,
1994