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Terra Santa

Jerusalén

Juan Pablo Montes

¿Qué sabemos sobre la ciudad de Jerusalén?

“La ciudad cananea de Urusalim es conocida por documentos acádicos del siglo XIV (cartas de Tell-el-Amarna). La tradición bíblica la reconoce en la ciudad de Melquisedec, contemporáneo de Abraham[1], e identifica su emplazamiento con el monte Moriah, donde Abraham ofreció su sacrificio[2]. En el tiempo de los jueces era todavía Jerusalén una ciudad pagana[3], pues los israelitas habían fracasado en su primera tentativa de conquista[4]. David finalmente la tomó a los jebuseos[5]. Llamó a su ciudadela ciudad de David (2 Sam 5,9) , la fortificó e hizo de ella la capital política de su reino. Trasladando allá el arca de la alianza, fijó en el mismo lugar el santuario conferencial de las doce tribus, que estaba anteriormente en Silo. La promesa de Natán hace entreveer que Dios se complacía, y Salomón acabó en este punto la obra de su padre construyendo el templo y dedicándolo solemnemente[6]. Así quedó determinado el destino religioso de la ciudad. En la tierra santa ocupa Jerusalén un lugar aparte. Posesión personal de la dinastía de David, queda fuera del catastro de las tribus. Capital política, representa concretamente la unidad nacional del pueblo de Dios. Capital religiosa, es el centro espiritual de Israel porque Yahvé reside en ella, en el monte Sión, que ha escogido como morada[7]. Doble significado que funda su carácter de ciudad santa y le da un papel de primer orden en la fe y en la esperanza de Israel”[8].

La ciudad de Jerusalén es la Madre de las Iglesias, allí Jesucristo celebró la primera Santa Misa de la Nueva y Eterna Alianza.

El Templo de Jerusalén en el tiempo

El capítulo 6 del 1º Libro de los Reyes[10] menciona el inicio de la Construcción del Templo de Dios: En el año 480 de la salida de los israelitas de la tierra de Egipto, el año cuarto del reinado de Salomón sobre Israel, en el mes de Ziv, que es el segundo mes, emprendió la construcción de la Casa de Yahveh. La Casa que edificó el rey Salomón a Yahveh tenía sesenta codos de largo, veinte de ancho y veinticinco de alto (1º Rey 6,1-2) y finaliza con la fecha de la terminación del mismo: El año cuarto, en el mes de Ziv, se pusieron los cimientos de la Casa de Yahveh, y el año once, en el mes de Bul - que es el mes octavo - fue acabada la Casa en todas sus partes, según todo su proyecto. Salomón la levantó en siete años (1º Rey 6,37-38).

El Rey Salomón, tercero y último de los Reyes del Israel unificado, hijo de David y Betsabé, la que había sido mujer de Urías (Mt 1,6), fue quien construyó este Magnífico Templo, gloria de la época y de los Judíos, “se convirtió en el eje de la vida religiosa y política del Judaísmo (...) el más importante centro religioso del culto a Yahvé y lugar de peregrinación, hasta el momento de su destrucción, para todo pueblo judío”[11].

Los profetas Jeremías[12] y Ezequiel[13] tuvieron que profetizar la destrucción del Templo de Jerusalén, pues “la religión se había convertido en un culto puramente formalista y rutinario, que Ezequiel califica de “idolátrico”[14].

La primera de las destrucciones que sufrió este Templo fue en el año 587 a. C., y la ejecutó el Rey de Babilonia: Nabucodonosor[15].

El Profeta Jeremías pintó esta tragedia en el Libro de las Lamentaciones:

¡Qué solitaria está la ciudad populosa!
Se ha quedado viuda la grande entre las naciones,
la princesa de las provincias, sometida a tributo (Lam 1,1)


El Señor rechazó su altar, desechó su santuario;
dejó a merced del enemigo los muros de sus palacios (Lam 2,7).

El edicto del Rey Ciro ordena la construcción del este 2º Templo:

Así habla Ciro, rey de Persia: Yahveh, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. El me ha encargado que le edifique una Casa en Jerusalén, en Judá.

Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, sea su Dios con él. Suba a Jerusalén, en Judá, a edificar la Casa de Yahveh, Dios de Israel, el Dios que está en Jerusalén (Es 1,2-3).

Algunas fechas importantes relacionas con el Templo[17]:

    • 1188 Saladino devuelve las mezquitas al culto musulmán.

Dentro del gran patio exterior, llamado patio de los gentiles, estaban los tres patios interiores, de dimensiones mucho más reducidas, en el siguiente orden de cercanía al Santuario: el patio de las mujeres, el patio de Israel o de los hombres y el patio de los sacerdotes. Todo esto formaba un mundo aparte, rodeado por un muro, donde le estaba prohibida la entrada[20], bajo pena de muerte a todo aquel que no fuera judío. La advertencia estaba escrita en los dinteles de las puertas”[21].

¿Cómo estaba dividido el Santuario?

El Santuario estaba dividido en dos partes: El Santo, en el que estaba la mesa de los panes de la proposición, el candelabro de los siete brazos y el altar de los perfumes que un sacerdote incensaba dos veces al día y el Santo de los Santos, “un lugar oscuro ocupado en otro tiempo por el Arca de la Alianza”[22], donde sólo podía entrar el Sumo Sacerdote, para el día de la Expiación[23], “pero solo una vez al año y después de una larga purificación con ayunos y oraciones. Lo hacía el Día del Perdón”[24].

Jesucristo con su presencia ha santificado el Templo de Jerusalén. Cumplíase la palabra del profeta: Grande será la gloria de esta Casa, más grande que la primera será su postrera, dice Yahvé de los ejércitos;... (Ag 2,10).

El Templo de Jerusalén, figura del Nuevo Templo de Dios, construido por el Espíritu Santo, fue santificado por el Verbo Encarnado durante su vida terrena; Él era su gloria.

El Verbo Encarnado reconoció la Santidad del Templo: Mi casa será llamada Casa de oración... (Mt 21,13) y lo frecuentó como todo buen israelita tres veces al año[25], para las fiestas Judías: Pascua[26], Pentecostés y de las Chozas[27]. El Apóstol y Evangelista San Juan nos menciona que participó de la Fiesta de la Dedicación[28].

El Templo de Jerusalén en los Evangelios

    • El Templo en el Nuevo Testamento[29]San Mateo 21,23-27 ¿Con que autoridad haces esto?
    • San Mateo 21,12-17 Expulsión de los mercaderes y 2º purificación del Templo de Jerusalén
    • San Mateo 24,1-15 Profecía sobre la ruina del Templo
    • San Mateo 27,3-10 Judas Iscariote tira las 30 monedas de plata en el Santuario
    • San Mateo 27,51 El velo del Templo se rasgó en dos
    • San Marcos 12,41-44 El óbolo de la viuda
    • San Marcos 12, 35-37 Jesús enseña en el Templo
    • San Lucas 1,5-25 Anuncio del nacimiento de San Juan Bautista
    • San Lucas 2,22-38 Presentación del Jesús en el Templo
    • San Lucas 2, 46-50 Encuentran al Niño Jesús en el Templo
    • San Lucas 4, 9-13 Pináculo del Templo- Tentación de Jesús
    • San Juan 2,13-22 1º Purificación del Templo
    • San Juan 5,14 Jesús encuentra al hombre curado en Bezatá
    • San Juan 5,19-37 Discurso sobre la obra del Hijo
    • San Juan 7,14-53 Jesús enseña en el Templo
    • San Juan 8,2-11 La mujer adúltera
    • San Juan 8,12-20 Yo soy la Luz del mundo
    • San Juan 8, 21-59 Jesús y Abraham
    • San Juan 10,22-39 Jesús se declara Hijo de Dios
    • San Juan 11,45-53 Conspiración del Sanedrín contra Jesús
    • Actas de los Apóstoles 2,46 Los primeros cristianos suben al Templo
    • Actas de los Apóstoles 3,1-10 Curación de un tullido por San Pedro
    • Actas de los Apóstoles 21,26-30 San Pablo en el Templo

Este segundo Templo fue destruido por Tito en el año 70 d.C. Jesucristo lo profetizó antes de su Pasión y muerte: Salió Jesús del Templo y, cuando se iba, se le acercaron sus discípulos para mostrarle las construcciones del Templo.

Pero él les respondió: ¿Veis todo esto? Yo os aseguro no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derruida (Mt 24,1-2)[30].

La destrucción del Templo de Jerusalén consuma el fin de la Antigua Alianza y de sus instituciones. La muerte del Verbo Encarnado hace caducar la Antigua Alianza y da inicio a la Nueva y Eterna Alianza entre Dios y el hombre.

Bibliografía

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