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Terra Santa

Jericó

Juan Pablo Montes

“A unos 7 kilómetros de Jerusalén, la población de Ain Karim recuerda la patria de Juan el Bautista. (...) Aquí vivían la prima de María, Isabel y Zacarias, padres de San Juan Bautista”[1].

Ain Karin significa “Fuente del viñedo”[2].

La Sagrada Escritura dice de estos dos israelitas, los padres del Precursor del Verbo Encarnado: Ambos eran justos delante de Dios, siguiendo todos los mandamientos y justificaciones del Señor de manera irreprensible (Lc 1,6).

En esta ciudad se encuentran dos Iglesias: La Iglesia de “San Juan Bautista”, donde según la tradición fue la casa natal del Precursor del Mesías y la Iglesia “de la Visitación” o “del Magníficat”, donde Santa Isabel se encontró con su parienta, la Santísima Virgen María.


La “Iglesia de San Juan Bautista”


Río Jordán

“El nombre Jordán deriva de la raíz “yarad” “descender”, de ahí la expresión: “ha-yardén”, empleada 177 veces en la Biblia, equivaldría a “el que desciende”, desde la falda del Hermón, el Monte más alto de Medio Oriente, hasta las profundidades del Mar Muerto, que es el punto más bajo de la tierra”[13].

El Jordán es el Río Bíblico por excelencia. Está citado 179 veces en el Antiguo Testamento y solamente 15 veces en el Nuevo Testamento.

Es un Río Sagrado pues por allí pasaron los Patriarcas del Pueblo de Israel: Abraham y Jacob con sus familias cuando vinieron de Caldea, luego los descendientes del aquellos que fueron rescatados de Egipto, quienes fueron conducidos por Moisés y pasaron el río de la mano de Josué y Caleb.

El Río Jordán nos hace recordar el Bautismo de Jesús, con el cual inició su Vida pública. Quisiera transcribirles las citas bíblicas de este acontecimiento:
“Nuestro Señor se sometió voluntariamente al Bautismo de san Juan, destinado a los pecadores, para “cumplir toda justicia”. Este gesto de Jesús es una manifestación de su “anonadamiento”. El Espíritu que se cernía sobre las aguas de la primera creación desciende entonces sobre Cristo, como preludio de la nueva Creación, y el Padre manifiesta a Jesús como su “Hijo amado”[14].

El Río Jordán en el Antiguo Testamento

El paso del Jordán, quedó en la tradición del Pueblo Hebreo, como el cumplimiento hecho por Dios a los primeros Patriarcas: Abraham[15], Isaac y Jacob[16] de darles una tierra para que ellos, que eran nómades, se transformasen en un pueblo sedentario.

Dicha promesa se cumplió en el Libro de Josué:

Cuando el pueblo partió de sus tiendas para pasar el Jordán, los sacerdotes llevaban el arca de la alianza a la cabeza del pueblo.

y Nehemías, casi un siglo después de los profetas Ageo y Zacarías, cuando el Templo estaba ya reedificado y se había reanudado el culto.

Malaquías sólo será sucedido, cuatro siglos más tarde, por el Precursor, a quien él mismo anuncia, como también la vuelta de Elías[25] y a quien Jesucristo había de caracterizar como el último y mayor Profeta del Antiguo Testamento al decir: La Ley y los Profetas llegan hasta Juan (Lc 16,16)[26].

El profeta Malaquías había anunciado ya desde entonces la aparición del Precursor del Mesías:

He aquí que envío a mi ángel que preparará el camino delante de Mí,... (Mal 3,1).

He aquí que os enviaré al Profeta Elías antes que venga el día grande y tremendo de Yahvé. El convertirá el corazón de los padres a los hijos y el corazón de los hijos a los padres; no sea que Yo viniendo hiera la tierra con el anatema (Mal 4,5-6).

Esta profecía se cumplió con la aparición de San Juan Bautista en Judea predicando "penitencia y conversión": En aquel tiempo apareció Juan el Bautista, predicando en el desierto de Judea, y decía: Arrepentíos porque el Reino de Dios está cerca (Mt 3,1-2)[27].

Jesucristo identificó la misión del profeta Elías con la misión del precursor San Juan Bautista: Los discípulos le hicieron esta pregunta: ¿Por qué pues los escribas dicen que Elías debe venir primero? El les respondió y dijo: Ciertamente Elías vendrá y restaurara todo. os declaro, empero, que Elías ya vino, pero no lo conocieron[28], sino que hicieron con él cuanto quisieron. Entonces los discípulos cayeron en la cuenta que les hablaba con relación a Juan el Bautista (Mt 17,10-12a.13).

Escribe San Agustín:

“Cuando dice el Señor que ya vino Elías, este Elías de quien habla el Señor, es Juan, a quien por su especial ministerio llama Elías: porque así como Elías será el precursor de su segunda venida, así también lo ha sido Juan de la primera, y llamando a Juan Elías nos manifiesta el Señor la conformidad del su venida con el Antiguo Testamento y las profecías”[29].

El Arcángel San Gabriel había profetizado la misión del niño a nacer de Isabel, una mujer anciana y estéril:

... y convertirá a muchos de los hijos de Israel al Señor, su Dios. Caminará delante de El con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y los rebeldes a la sabiduría de los justos y preparar al Señor un pueblo bien dispuesto[30] (Lc 1,16-17).

Su padre Zacarías reivindicó lo dicho por el Arcángel:

Y tú, pequeñuelo, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para preparar sus caminos, para dar a su pueblo el conocimiento de la salvación, en la remisión de sus pecados, gracias a las entrañas misericordiosas de nuestro Dios, por las que nos visitará desde lo alto el Oriente para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte yacen, y dirigir nuestros pies por el camino de la paz (Lc 1,76-79).

El cumplimiento de ambas profecías se reflejan en estos textos:

Entonces salía hacia él Jerusalén y toda la Judea y toda la región del Jordán, y se hacían bautizar por él en el río Jordán confesando sus pecados (Mt 3,5).

Y todos iban de él de toda la tierra de Judea y de Jerusalén y se hacían bautizar por él en el Río Jordán, confesando sus pecados (Mc 1,5).

Preguntábanle las gentes: ¡Y bien! ¿Qué debemos hacer? Les respondió y dijo: Quien tiene dos túnicas, de una a quien no tiene; y quien víveres, haga lo mismo. Vinieron también los publicanos a hacerse bautizar, y le dijeron: Maestro, ¿qué debemos hacer? Les dijo: No hagáis pagar nada por encima de vuestro arancel. a su vez unos soldados le preguntaron: Y nosotros ¿qué debemos hacer?. Les dijo: No hagáis extorsión a nadie, no denunciéis falsamente a nadie y contentaos con vuestra paga (Lc 3,10-14).

Los profetas Malaquías y San Juan Bautista trazan un retrato del Mesías semejantes entre sí.

Profeta de soledades,
Labios hiciste de tus iras
Para fustigar mentiras
Y para gritar verdades[31]

El Mesías vendrá como fuego purificador que separará la escoria de la plata:

A lo que Juan Bautista les respondió: No hagáis extorsión a nadie, no denunciéis falsamente a nadie, y contentaos con vuestra paga (Lc 3,14).

“Previene a los publicanos y a los soldados -dice Teófilo- que se abstengan de obrar mal; pero a las turbas, como no tenían malicia, les mandó que hiciesen algo bueno;...”[37].

Observemos que el Precursor del Mesías les enseña con mansedumbre de aquello que deben arrepentirse, de aquellas obras que deben rechazar ya que tenían como obligación por ley imitar a Yahvé: Sed, santos, porque Yo soy santo (Lev 11,44).

A los tres estados les recomienda la misericordia que “es la perfección de las virtudes”[38]. La misericordia prima sobre los sacrificios[39]; sobre la penitencia.

San Juan Bautista fue una piedra de tropiezo para muchos en Israel, principalmente para sus jefes[40]. Su vida de ascesis le recriminaba sus pecados y vicios.

Juan Bautista pudo haberse quejado como Isaías por la dureza de los Principales del Pueblo de Dios -Saduceos, Fariseos, Doctores de la Ley y Escribas-: En vano me he fatigado, de balde e inútilmente he consumido mis fuerzas; pero mi causa está en manos de Yahvé y mi recompensa está en manos de mi Dios(Is 49,4). ¿Quién ha creído nuestro anuncio, y a quién ha sido revelado el brazo de Yahvé? (Is 53,1). A ellos, Dios, les había elegido para que guiaran a su rebaño a abundantes y ricos pastos[41] a dulces manantiales[42].

No fuiste Juan la caña
Tronchada por el viento;
Sí la palabra ardiente
Tu palabra de acero[43]

San Juan Bautista tuvo como misión en esta tierra predicar la Palabra de Dios a la esposa de Cristo: He aquí el Cordero de Dios (Jn 1,36); y conducir a ésta hasta su Divino Esposo. El ejemplo que nos trae el evangelio es que dos de sus discípulos -San Andrés y San Juan- fueron en pos de Cristo.

La Iglesia estaba ya figurada en aquellos que iban a él de toda la tierra de Judea y de Jerusalén (Mc 1,5): publicanos, la gente sencilla, los soldados, es decir que la Esposa de Cristo estaba patente en todo el pueblo que lo escuchó (Lc 7,29) y aún en los mismos pecadores públicos que reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de él (Lc 7,29).

Bibliografía

[1] LOMBARDI, LUIGI; La Tierra Santa, Edizioni Plurigraf, Narni-Terni, 1986, 19.
[2] DÍEZ, FLORENTINO; Guía de Tierra Santa, Editorial Verbo Divino, Madrid, 1990, 39.
[3] DÍEZ, FLORENTINO; Guía de Tierra Santa, Editorial Verbo Divino, Madrid, 1990, 40.
[4] DÍEZ, FLORENTINO; Guía de Tierra Santa, Editorial Verbo Divino, Madrid, 1990, 40.
[5] Cf. Ibidem, págs. 41-42.
[6] Cf. Ididem, pág. 42.
[7] ANTONIO ROYO MARÍN O.P. La Virgen María. Teología y espiritualidad marianas, Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 1968, pág. 97.
[8] Ibidem, pág. 43.
[9] PADRE DARÍO BETANCOURT, Me llamarán Bienaventurada, Buenos Aires, 1999, pág. 56.
[10] LOMBARDI, LUIGI; La Tierra Santa, Edizioni Plurigraf, Narni-Terni, 1986, 20.
[11] LOMBARDI, LUIGI; La Tierra Santa, Edizioni Plurigraf, Narni-Terni, 1986, 20.
[12] DÍEZ, FLORENTINO; Guía de Tierra Santa, Editorial Verbo Divino, Madrid, 1990, 43.
[13] DÍEZ, FLORENTINO; Guía de Tierra Santa, Editorial Verbo Divino, Madrid, 1990, 389.
[14] Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1224.
[15] Cf. Gen 15,18-21.
[16] Cf. Gen 28,13-14.
[17] Cf. 2º Rey 5,1-19.
[18] DÍEZ, FLORENTINO; Guía de Tierra Santa, Editorial Verbo Divino, Madrid, 1990, 390.
[19] DÍEZ, FLORENTINO; Guía de Tierra Santa, Editorial Verbo Divino, Madrid, 1990, 389-390.
[20] Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1222.
[21] NACAR-COLUNGA, Sagrada Biblia, Introducción a los libros proféticos, 756.
[22] NACAR-COLUNGA, Sagrada Biblia, Introducción a los libros proféticos, 756-757.
[23] Poesía de las I vísperas de la Solenmidad del Nacimiento de San Juan Bautista.
[24] Poesía de las I vísperas de la Solenmidad del Nacimiento de San Juan Bautista.
[25] Cf. Mal 3,1; 4,5.
[26] Cf. Lc 7,26-28.
[27] Cf. Mc 1,1-8; Lc 3,1-6.
[28] Para San Jerónimo las palabras: ... no lo conocieron... (Mt 17,12) significa: “le despreciaron y le decapitaron” (AQUINO, TOMAS DE; Catena Aurea, Tomo II, San Marcos, Cursos de Cultura Católica, Buenos Aires, 1946, 97).
[29] AQUINO, TOMAS DE; Catena Aurea, Tomo II, San Marcos, Cursos de Cultura Católica, Buenos Aires, 1946,96-97.
[30] Cf. Mal 3,1.
[31] Poesía de las I vísperas de la Solenmidad del Nacimiento de San Juan Bautista.
[32] Cf. Lc 3,15ss.
[33] Poesía de las I vísperas de la Solenmidad del Nacimiento de San Juan Bautista.
[34] AQUINO, TOMAS DE; Catena Aurea, Tomo II, San Marcos, Cursos de Cultura Católica, Buenos Aires, 1946, 96.
[35] Cf. Mc 1,5.
[36] Cf. Mc 1,5.
[37] AQUINO, TOMAS DE; Catena Aurea, Tomo IV, San Lucas, Cursos de Cultura Católica, Buenos Aires, 1946, 84.
[38] AQUINO, TOMAS DE; Catena Aurea, Tomo IV, San Lucas, Cursos de Cultura Católica, Buenos Aires, 1946, 84.
[39] Cf. Mt 9,13.
[40] Pero los fariseos y los doctores de la Ley frustraron los designios de dios para con ellos, al no dejarse bautizar por Juan (Lc 7,30). Los Príncipes de los judíos habían censurado a Jesucristo como un hombre que come y bebe, amigo de publicanos y pecadores (Lc 7,34) siendo que habían rechazado a Juan Bautista que predicaba y vivía la penitencia: Está endemoniado (Lc 7,33).
[41] Cf. Ez 34,14.
[42] Cf. Ez 34,1-16; Mt 3,7-9.
[43] Poesía de las I vísperas de la Solenmidad del Nacimiento de San Juan Bautista.

IVEMO

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