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Leyenda del Cristo de Buga
(Valle del Cauca, Colombia)

Cuentan que una indiecita se ganaba la vida lavando ropas ajenas en el Guadalajara.

Su ilusión era ahorrar con qué comprar un Cristo, que le valía 70 reales, diríamos hoy 30.000 pesos.

Pero un día vio que llevaban a la cárcel a un hombre por ser deudor moroso. Movida la compasión pagó por él la deuda, que era precisamente de 70 reales que tenía ahorrado.

Siguió en su humilde tarea la lavandera. Y unos días después vio flotar en las aguas del río un Cristo pequeño, que llevó a su choza y lo guardé en una caja.

Una noche oyó unos golpecitos en la caja, y de día advirtió que la imagencita había crecido. Y cada mañana la encontraba más grande, hasta alcanzar el tamaño normal de una persona. El pueblo acudió en masa a admirar el portento y se difundió la noticia por toda la comarca.

Esto es una leyenda o parábola como las del Señor en el Evangelio, por ejemplo la del Buen Samaritano que auxilió al hombre atracado por ladrones.

La Parábola es para enseñar una verdad, dar un mensaje. ¿Qué mensaje nos da la parábola o leyenda del Cristo de las Aguas?

-Que como el agua del Río le trajo a la india una imagen, el agua del bautismo nos hizo hijos de Dios, imágenes de Cristo;

-Que a Cristo lo encontramos en el pobre, en el enfermo, en el triste...,

-Que Cristo debe crecer en nuestros corazones por una vida cada vez más cristiana;

-Que con el trabajo en el taller, la oficina, la propia casa, podemos agradar a Dios y encontrar la gracia de Cristo.

En 1665, doña Luisa de la Espada, aseguró que la imagen, arrojada al fuego no se quemó, antes bien sudaba y la gente empapaba algodones en el sudor.

En 1757 el obispo de Popayán, Diego del Corro, de visita en Buga, como testigo de los sucesos extraordinarios, mandó recoger cuantos documentos pudieron hallarse. Era su intención llevarlos a Lima, para presentarlos al tribunal. Desgraciadamente se extraviaron cuando el prelado viajaba a tomar posesión del arzobispado limeño.

En 1783 el capellán del santuario de Buga, envió a Roma una relación aprobada por su obispo, en la que se relataban testimonios de numerosas curaciones. El Papa Pío VI respondió con 22 "breves perpetuos", en los que se concedían abundantes indulgencias a los devotos peregrinos.

Y el Cristo se quedó con ellos primero en la casa de la humilde indiecita, después en la ermita que con cariño le construyeron hasta que un terremoto la destruyó, y luego en la otra Ermita cuya torre convocó por tiempos largos a la gente con el sonar de las campanas. Y desde 1907 el Cristo está en la hermosa Basílica que construyó un pueblo dirigido por Misioneros Redentoristas.

Fuente:
milagrosodebuga.com/www/historia_milagroso.htm

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