Hoy al verte clavado en un madero,
comprendo que me quejo injustamente,
y ya tan solo quiero decirte:
Padre
del
alma
mía
y
del
Universo,
te
ruego
escuches
Padre,
mi
humilde
verso.
Aunque
es
sencillo
y
humilde,
esta
hecho
con
amor...
Pues
mi
pluma
va
escribiendo
lo
que
dicta
mi
corazón.
Me
enseñaron
de
niño
a
conocerte
y
después,
al
tratarte,
llegué
a
quererte.
A
quererte,
¡oh
Padre!
a
mi
manera
con
bastantes
errores
y
mis
flaquezas.
Porque
también
aprendí
lo
que
hoy
quiero
transmitir:
que
con
Jesús
siempre
hay
que
ir.
Pero
tengo
confianza
y
sé
de
tu
protección,
por
eso
tengo
esperanza
de
obtener
tu
perdón.
Padul,
2.001